


El horror vuelve a tomar forma en cada palabra. En una nueva jornada del juicio por el brutal asesinato de Pablo César Almaraz, el hombre hallado decapitado a la vera de la ruta nacional 34, el silencio en la sala se volvió denso mientras los testimonios reconstruían una escena marcada por la violencia y el miedo.
Este miércoles 25 de marzo, el debate continuará con más declaraciones en un proceso que mantiene en vilo a toda la región.
La fiscal penal de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas de Orán, María Soledad Filtrín Cuezzo, sostiene la acusación contra tres hombres de 29, 31 y 39 años, señalados como coautores de un homicidio doblemente calificado por alevosía y el accionar coordinado de varias personas. Como si el cuadro no fuera lo suficientemente grave, uno de los imputados también enfrenta cargos por evasión en una causa acumulada.
Durante la última audiencia, dos testigos aportaron relatos que helaron la sangre.
El primero contó que conoció los detalles a través de un menor de edad —quien luego declaró en Cámara Gesell—. Según su testimonio, el niño señaló directamente a los acusados y describió cómo se habría ejecutado el crimen. El miedo era palpable: tanto el menor como su madre temían por sus vidas, al punto que el testigo les recomendó acudir de inmediato a la Policía.
Luego fue el turno de un allegado a la familia de la víctima. Su declaración sumó un elemento inquietante: antes del asesinato, el padre de los acusados le habría confesado que sus hijos habían atacado a un hombre en medio de un supuesto robo de ganado… pero que esa vez, Almaraz logró escapar. Un antecedente que hoy resuena con fuerza, como una advertencia que nadie pudo detener a tiempo.
Ambos testimonios coincidieron en un punto: los imputados eran conocidos en la zona por su carácter conflictivo, una reputación que hoy pesa en cada instancia del juicio.
El tribunal, integrado por los jueces Norma Roxana Palomo, Mario Maldonado y Fabián Fayos, dispuso un cuarto intermedio hasta este miércoles, cuando se retomará la audiencia con más pruebas testimoniales que podrían resultar clave.
El crimen, ocurrido el 1 de octubre de 2022, aún sacude la memoria colectiva. Aquella mañana, un llamado al 911 alertó sobre un cuerpo sin vida al costado de la ruta, entre Pichanal y Colonia Santa Rosa. Lo que encontraron los efectivos fue una escena imposible de olvidar: un hombre decapitado, con las manos atadas, abandonado como un mensaje brutal en medio del monte.
Hoy, en la sala de audiencias, cada testimonio vuelve a abrir esa herida. Y mientras la verdad intenta salir a la luz, el eco de aquel crimen sigue estremeciendo a toda una comunidad.




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